En el mercado, Sr. Armando ordena a una vendedora quitar el nombre del puesto y arreglarlo, alegando que usar el nombre de un muerto trae mala suerte; amenaza con tirar todo si no lo hace antes del 27. La mujer suplica conservarlo porque recuerda a su esposo. En paralelo, otros comerciantes recuerdan que Ricardo y su mujer tienen el negocio y planean, a la hora de la comida, convencerlo para aceptar un puesto en un taller. Ricardo se retrasa; esperan que llegue en diez minutos y su ausencia deja en suspenso el reclutamiento y la respuesta al ultimátum.