Un joven preso se enfrenta al acoso constante de otros reclusos, sintiéndose tentado a responder con violencia. Sin embargo, un hombre mayor le aconseja que no ataque primero, ya que ellos esperan provocarlo para aprovechar la "defensa legítima" y eliminarlo. Le insiste en que use la paciencia como arma y conserve su fuerza para un golpe decisivo que acabe con sus enemigos. Ante la resistencia inicial, el anciano revela que ve potencial en el joven y lo invita a aprender y seguirlo, a lo que el joven acepta, marcando un cambio clave en su situación dentro de la celda.