En una reunión de ex trabajadores del ferrocarril, los hombres hablan y recuerdan que guardaron cigarros para Ricardo; cuentan que él los salvó cuando el tren partió. Se revela que Ricardo perdió un brazo y quedó discapacitado; meses atrás lo vieron en el Mercado y no quiso hablar. Los compañeros acuerdan avisarse si hay problemas. Al llegar la hora del almuerzo, Ricardo no aparece: su retraso, inusual en él, convierte la charla en alarma. Su ausencia sugiere que algo le ha pasado y deja al grupo ante la urgente decisión de qué hacer.
En casa, Lucía entrega dinero a su madre para el tratamiento del padre enfermo; la madre la acusa de robar, pero Lucía explica que juntó y vendió botellas en los pasillos. Tras la confesión, la madre se arrepiente y pide perdón; acuerdan unirse para ayudar al padre. Poco después la madre atiende una llamada y, ante el cobrador del mercado, le pide al Sr. Armando unos días más para pagar la cuota. El giro revela la iniciativa de Lucía y alivia la desconfianza, pero queda la duda sobre si la extensión será suficiente para costear el tratamiento.
Una vendedora de un puesto de verduras enfrenta a Sr. Armando, su acreedor, porque el puesto lleva medio mes cerrado y no tienen dinero tras el accidente de Ricardo, lisiado. Armando se niega a conceder más plazo y lo culpa por sus problemas, aumentando la presión sobre la familia. Ante la desesperación, el padre le revela a su hija Lucía un secreto: detrás de una foto en la mesa hay un número de teléfono que deben llamar cuando necesiten ayuda. El episodio termina con la familia decidiendo si usar ese contacto desconocido para saldar la deuda y enfrentar a Armando.
En la casa, un hombre enfermo pide a su hija Lucía que busque a su madre. La niña ofrece el dinero que ganó vendiendo botellas; él, tras mencionar a 'tío Gabriel' y pedir una manzana, confiesa que tiene cáncer terminal. Se disculpa con Ana por no haber sido buen esposo ni padre y declara que no quiere ser una carga. Encarga a su hija a Ana y les dice que las ama. El giro es su renuncia y su petición de cuidado; queda por ver cómo Ana reaccionará y quién asumirá lo inmediato.
Lucía sale a comprar manzanas; en casa la madre discute con alguien por dinero y una cuota. Un hombre le ofrece un trato y se burla, provocando tensión. El niño pregunta por su padre; la madre solo dice que "se fue a un lugar muy lejano". Hombres en la escena se ríen y afirman que "ya se murió el lisiado", sugiriendo que la mujer quedó sin obstáculos. Armando humilla al arrojar la foto del padre y la niña grita "¡Malo!". El episodio cierra con la madre obligada a decidir cómo proteger a su familia.
En este episodio Ana enfrenta a un cobrador que la humilla y la amenaza con despedirla si no paga la cuota mañana. Después de que le tiraron el retrato y la agredieron, sus compañeros juntan dinero y la obligan a aceptar la ayuda porque advierten que Armando le hará la vida imposible. Agradecida, Ana toma la plata, pero luego un encargado le exige quitar algo que puso afuera alegando que estorba. Ella asegura que ya pagó, pero le ordenan retirarlo o lo tirarán. El episodio cierra con Ana obligada a elegir entre obedecer o arriesgar su puesto.
En el mercado, Sr. Armando ordena a una vendedora quitar el nombre del puesto y arreglarlo, alegando que usar el nombre de un muerto trae mala suerte; amenaza con tirar todo si no lo hace antes del 27. La mujer suplica conservarlo porque recuerda a su esposo. En paralelo, otros comerciantes recuerdan que Ricardo y su mujer tienen el negocio y planean, a la hora de la comida, convencerlo para aceptar un puesto en un taller. Ricardo se retrasa; esperan que llegue en diez minutos y su ausencia deja en suspenso el reclutamiento y la respuesta al ultimátum.
En un puesto comercial, un hombre recrimina al responsable del local por no haber hecho reparaciones tras un aviso hace un mes; exige que vaya a la oficina y amenaza con "¡Rómpanlo todo!". El responsable se defiende: no tiene dinero y señala que otros locales están igual, suplicando que no se ensañen con él. La discusión escala hasta un breve choque físico y, al rematar la escena, aparece otra persona pidiendo limosna: "¿Me podría dar algo de dinero?". El episodio cierra con el responsable presionado entre acudir a la oficina para rendir cuentas o enfrentar la creciente precariedad económica.
Un joven llama a Tío Gabriel pidiendo dinero urgente para cambiar el letrero del puesto de su madre, que fue golpeada y amenazada por el administrador y obreros. Gabriel sospecha de una estafa y cuestiona la historia. La llamada escala cuando la persona insiste que su padre dejó un “secreto” con ese número en un álbum y que debía ayudarla si pasaba algo. Al pedir hablar con el padre, ella revela que éste tuvo cáncer y el mes pasado se suicidó. Gabriel pregunta su nombre; ella dice Ricardo Lima. El episodio cierra con Gabriel diciendo: “Ya voy para allá”, decisión inmediata sin resolver.
Marcos Lima es un veterano con una promesa: proteger a los suyos tras la muerte de su socio. Al enfrentarse al corrupto clan Braga para defender a una familia indefensa, enciende una persecución implacable que amenaza su sustento y su vida. Obligado a acudir a una cena preparada para humillarlo, su integridad desafía el desprecio y llama la atención de Don José, un poder en las sombras capaz de cambiar las reglas del juego. En un mundo de traiciones, cada decisión pesa. La guerra apenas comienza; la lealtad y el honor se convierten en armas. Marcos deberá elegir hasta dónde llega su sacrificio para mantener la promesa que lo define.